miércoles, 22 de agosto de 2007

Entre periodismo y literatura




Me encanta leer, y por suerte mis amigos lo saben, así que es fácil encontrar un regalo para mi. Y Estela, mi "pepito grillo" particular, me regaló "A sangre fría" mientras estudiábamos periodismo. No me terminaba de enganchar el argumento hasta que por fin, entendí por qué me lo regalaba precisamente a mi. Truman Capote, su autor, nada entre el periodismo y la literatura, mis dos pasiones. La historia cuenta el asesinato de los cuatro miembros de la familia Clutter en su propia casa. Capote se trasladó hasta el lugar para investigar lo sucedido y en sus páginas recrea a la perfección la vida y costumbres de los lugareños. Tan fiel y minucioso resulta en sus descripciones que es fácil imaginarse físicamente a los personajes. Llegan a ser tan cercanos que se pueden intuir sus reacciones, se convierten casi en tus propios vecinos.

El libro es una reflexión sobre la pena de muerte, aunque no en boca de su autor, sino que sin querer no puedes dejar de pensar en las consecuencias de este castigo. Se nos presenta de modo ta exhaustivo a los culpables que hay momentos que te inspiran lástima, y llegas a entenderlos.
El crimen fue real, y "A sangre fría" es el relato fiel de todo lo que sucedió, casi como una crónica periodística y un trabajo de investigación convertido en novela. El primer libro que cosolida la novela no ficción.

Os dejo una maravillosa sorpresa que encontré al abrir el libro. Se trata de una cita de mi profesor de Sociología de la Comunicación, Pepe Solves, y que Estela recogió a modo de dedicatoria:

"Los discursos son los espejos en los que se refleja el alma del mundo" P.Solves 29-04-05.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay Patrisieta Patrisieta. Menos mal que te tengo para refrescar mi mala memoria que me priva de saborear tantos buenos momentos. Me ha encantado leer tu post que está escrito con la frescura que te caracteriza. No dejes que nada te cambie.
Fdo.: Pepito Grillo

Povedilla dijo...

"A Sangre Fría" fue adaptada al cine en 1967 por el director Richard Brooks.

Capote se hizo famoso como personaje de las vanguardias neoyorquinas antes que como escritor. Personaje raro para un país conservador y puritano que finalmente se rindió a sus pies.