jueves, 30 de agosto de 2007

Querido diario...




“Espero poder confiártelo todo como aún no lo he podido hacer con nadie, y espero que seas para mí un gran apoyo”. Ana Frank, Diario.

En La tregua, de Mario Benedetti, un diario es el punto de partida para conocer las inquietudes de un oficinista al filo de la jubilación. Una vida basada en la rutina, casi como cualquier otra vida, en la que Benedetti puso mucho de él y quizás, sin saberlo, mucho de nosotros. Que tire la primera piedra aquel que nunca haya escrito un pensamiento. El papel, al fin y al cabo, es más paciente que el hombre.


En la víspera de su retiro laboral, Martín Santomé inicia el registro de sus pensamientos e inquietudes en un diario. Toda la novela tiene la misma estructura intimista y personal que invita a la reflexión. Martín es un hombre “gris”, su vida no tiene nada especial, salvo la rutina. Viudo y con tres hijos mayores, su existencia está centrada en su trabajo de oficinista, y ve su jubilación como una continuación de su soledad. Pero en este tiempo hacia el ocaso, Dios le concede una tregua que cambiará su vida. No se trata de un encuentro divino ni una experiencia mística, sino que inesperadamente encuentra el amor en una muchacha joven llamada Laura Avellaneda. Su vida deja de ser gris, de nuevo se siente rejuvenecido y el futuro lo ve como un camino largo pero amable. Alquila un apartamento para sus encuentros con Avellaneda (así la nombre en todas sus anotaciones), habla con Blanca (su hija) de su nuevo amor y charla con sus hijos. Pero la repentina muerte de Avellaneda vuelve a cambiar las cosas, aunque su perspectiva no vuelve a ser la misma, sino que intenta afrontar las cosas de forma más positiva.


Para terminar, unos pasajes que todavía hoy, por muchas veces que lo lea, siguen llamando mi atención:


Sé que cuando uno ve las cosas desde fuera, cuando uno no se siente complicado en ellas, es muy fácil proclamar qué es malo y qué es lo bueno. Pero cuando uno está metido hasta el pescuezo en el problema (y yo he estado muchas veces así), las cosas cambian, la intensidad es otra, aparecen hondas convicciones, inevitables sacrificios y renunciamientos que pueden parecer inexplicables para el que sólo observa… Ojalá te sientas a la vez protector y protegido, que es una de las más agradables sensaciones que puede permitirse el ser humano”.

“Y padecen la más horrible variante de la soledad: la soledad del que ni siquiera se tiene a sí mismo”.

“La experiencia me ha enseñado que uno de los métodos más eficaces para derrotar a un rival es el vacilante corazón de una mujer, es elogiar sin restricciones a ese mismo rival, es volverse tan comprensivo, tan noble y tolerante, que uno mismo se sienta conmovido”

1 comentario:

Jasp dijo...

Precisamente es este un libro que tengo entre mis próximos objetivos.

Enhorabuena por el blog porque realmente se que que tiene mucho trabajo y cariño detrás.

Ánimo y un beso grande. Ya estás entre mis suscripciones.